Pieza patrimonial de enero de 2010

RETRATO AL ÓLEO DE DON EUGENIO ORREGO VICUÑA

Al cumplirse -en unos pocos días más- cincuenta y un años de ocurrido su último viaje (deceso), en Viña del Mar, el 20 de enero de 1959, de quien fuera nuestro flamante fundador y primer director de este museo. Damos a conocer -a modo de implícito homenaje- este óleo sobre tela del escritor, dramaturgo, biógrafo, ensayista, historiador, abogado y diplomático don Eugenio Orrego Vicuña (1900-1959), pintado gracias al talento creativo de otro gran compatriota suyo: Jorge Délano Frederick (1895-1980), mundialmente conocido como Coke. Firma: Délano. Dimensiones de la pintura: 0,69 m. de ancho por 0,88 m. de alto, excluyendo su marco dorado, conservado en la bóveda de este "templo a la gloria de Chile". (1)

16/01/2010

Fuente: Museo Nacional Benjamín Vicuña Mackenna

El nieto, igualmente ilustre de don Benjamín, se muestra de pie con las manos cruzadas sobre un infaltable libro y vestido de impecable traje oscuro, en segundo plano se advierte paisaje y parte de una torre. Fue mandado a pintar en 1960 por su hermano Germán Orrego Vicuña al multifacético Coke, quien se inspiró en una fotografía familiar, ya que el retratado había fallecido sólo un año antes.

"Dada la naturaleza cultural y americanista de sus afanes, -enfatiza un admirador suyo- resalta de él un sentido idealista, quijotesco y batallador, que esos tres calificativos deben marchar unánimes si se buscan mejores versiones de lo real, ya creando algo nuevo, ya corrigiendo lo existente, ya uniendo lo disperso o poniendo acordes las fuerzas positivas en pos de un alba que reconcilie a los vivos con los ausentes, y a las generaciones actuales con las futuras. Pues bien, Eugenio Orrego Vicuña fue idealista, es decir, tuvo nociones más altas que las espúreas o imperfectas de lo cotidiano que le correspondiera vivir en su época; asimismo, fue hombre quijotesco que debió medirse con la caterva de burócratas y envidiosos, lánguidos de acción los unos, maldicientes enconados los otros, cuando afrontó los largos trabajos que llegarían a buen resultado en la creación y mantenimiento del Museo y posterior Biblioteca Benjamín Vicuña Mackenna". (2)

Amerita, en justicia, dejar al mismo don Eugenio revelar en el segundo párrafo de su Tesis presentada al Congreso de Intelectuales de Chile, reunido en Santiago en marzo de 1937:

"El intelectual, apenas valorado por la sociedad burguesa en calidad de técnico, de especialista indispensable para el funcionamiento de la explotación industrial, ha sido menospreciado e infinitamente subestimado en sus calidades puramente literarias o artísticas. Y esa subestimación y menosprecio, le han puesto, generalmente, en triste situación económica, empujándolo a los bajos peldaños de la escala social. De ahí, mantenido y acrecentado en el correr del tiempo, un complejo de inferioridad que explica la poca validez moral y el servilismo de que el escritor suele dar muestras; de ahí sus vacilaciones y renuncios, en busca de reparo económico, resguardo a menudo del propio pan, duramente conquistado en brega amarga y continua. Y a ese vacilar, a ese inclinar de la cerviz y prostitución de la conciencia, sólo han parecido escapar muy contados elementos en las épocas de crisis. ¿Cómo condenar, empero, a los que se rinden por razones de hambre, por incapacidad física de obtener el pan en un medio en que el escritor libre se encuentra en lucha abierta y casi continua con los poderosos, con la policía, con la banca, con la infinita red de los intereses creados? Si alguna razón asiste a quienes desconfían del intelectual consagrado a las letras o al arte, nadie debe desconocer que la máquina política, económica y social que es el estado moderno, sólo puede caminar empujada y dirigida por técnicos de alta capacidad, es decir, por intelectuales. El intelectual, en suma, cualquiera que sea el grado de confianza que se le atribuya, es el espíritu de la máquina, la esencia de cada sistema, el factor máximo de toda posibilidad realizadora".(3)

"Como fue dicho,
-concluye el académico don Juan Antonio Massone del Campo- los escritos de Eugenio Orrego Vicuña conocieron abundancia y diversos formatos, especialmente el dramático, la biografía, el estudio histórico, el ensayo y el libro de viaje, sin olvidar la vecindad del reportaje a colación de algunos de sus periplos por tierras lejanas. Desde luego, no faltaron el trabajo antológico, la traducción, ni el artículo de prensa, complemento de su quehacer cultural permanente" (4)





(1) Cita textual del Discurso de don Eugenio Orrego Vicuña, en: Patria magazine, número 395, año XXI, Santiago, diciembre de 1957, página 17.
(2) Juan Antonio Massone, Eugenio Orrego Vicuña (En el centenario de su nacimiento), (1900-1959), Santiago, Cuadernos de la Academia Chilena de la Lengua, 2000, página 17.
(3) El escritor y la sociedad, ä Adolfo Gana Mandiola.
(4) Massone, op. cit., página 22.

Recursos adicionales

Materias: Antropología
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