Pieza patrimonial de septiembre de 2008

QUINTA DEL CAMINO DE CINTURA

Óleo sobre tela pegada en cartón, original de la artista nacional Herminia Arrate Ramírez de Dávila (1895-1941). Discípula aventajada de Fernando Álvarez de Sotomayor y de Pablo Burchard. A pesar de no ser su obra muy numerosa, obtuvo en Chile varias recompensas oficiales. Composición en base al frontis de la señorial casa quinta, con techos en diferentes niveles, en el fondo sobresalen copas de árboles bastante frondosos. Restaurado por el Centro Nacional de Conservación y Restauración. Medidas del cuadro: 0,345 m. de ancho por 0,43 m. de alto.

04/09/2008

Fuente: Museo Nacional Benjamín Vicuña Mackenna

Siendo su título original "La casa de enfrente", es más bien conocido como la Quinta del Camino de Cintura, pintado en la adolescencia de esta artista casi olvidada, año 1908, con marco de la época. Vale la pena tomar en cuenta la opinión de un maestro del acontecer artístico, Isaías Cabezón (1891-1963), contemporáneo de ella, quien estimó: "Su temática se caracteriza por una amplia libertad de ejecución, muy espontánea, que es acusadora de un raro y extraño temperamento" (1942). Sobre la casa de don Benjamín Vicuña Mackenna propiamente tal, es importante destacar la impresión y la vivencia directas del novelista, diplomático, periodista y político Luis Orrego Luco (1866-1948), cuando afirmó: "Vivían en una hermosa quinta de la actual avenida Vicuña Mackenna y que pertenecía al ilustre escritor. La casa era magnífica y había sido construida por doña Victoria, su viuda, después del incendio de la que anteriormente habitaban. Decíase que dicho incendio había sido intencional.(1) "Sea de esto lo que fuere, es lo cierto que la nueva mansión, construida en piedra por un famoso arquitecto había costado un dineral, no vacilando la ilustre viuda en contraer enormes deudas hasta concluirla, por lo cual debió sufrir muy pronto la pérdida total de su fortuna. "El parque de la casa era hermoso. Había sido plantado y delineado por un conocido jardinero francés, contratado años atrás por el gobierno de Chile. Había una laguna con cisnes. Los árboles, ya crecidos, reverdecían su amplio ramaje sobre las avenidas y, en el fondo la quinta, formaban una tupida masa que parecía prolongarse a lo lejos, más allá delos verdaderos términos de la quinta. Miles de hermosas plantas eran cultivadas en prados, bajo la dirección personal de doña Victoria que se ocupaba en ellas. Por encima, un cielo azul y brillante, y a lo lejos la Cordillera nevada. De pronto, silbidos y rumores del Ferrocarril de Pirque, que corría en los límites de la Quinta. Zumbido de abejas, canto de pájaros. Aquello parecía un rincón del Paraíso. Allí se estrecharon mis relaciones con María que debían pronto llevarnos al matrimonio. "A menudo me invitaban a casa de doña Victoria y cuando transcurrían algunos días sin que fuera, mi amigo Tatín me detenía en la calle para invitarme a su nombre. Era muchacho en extremo inteligente, de imaginación vivísima, dado a disciplinas literarias pues escribía, más que el Tostado, artículos chispeantes y pintorescos. Más tarde, arruinada su madre, se ganaba la vida escribiendo en El Mercurio. Fue siempre alegre y animoso tanto en sus horas de pobreza como en los días de fortuna y holgazana. "Las puestas de sol, en el parque de la quinta señorial, y las noches de luna, en compañía de la que pronto sería mi novia, fueron inolvidables. Entre las avenidas sombreadas, que tenía los Andes como telón de fondo, se transcurrían las horas en animadas charlas y frecuentes discusiones y peleas, como las llamaba mi cuñada Eugenia. (1) Luis Orrego Luco, Memorias del tiempo viejo, Santiago, Ediciones de la Universidad de Chile, 1984, págs. 583, 585 y 586.

Recursos adicionales

Materias: Antropología
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