Pieza patrimonial de agosto de 2007

RETRATO AL ÓLEO Y TENIDA DE DIPLOMÁTICO DE BENJAMÍN VICUÑA SUBERCASEAUX (1875-1911)

En la segunda sala de la exhibición permanente del museo, se exhiben el pequeño retrato al óleo y parte de la tenida oficial de diplomático del escritor y periodista Benjamín Vicuña Subercaseaux, hijo de Benjamín Vicuña Mackenna y doña Victoria Subercaseaux Vicuña, conocido familiarmente como "Tatín".

24/08/2007

Fuente: Museo Nacional Benjamín Vicuña Mackenna

"Del padre heredó - nos relata su sobrino Eugenio Orrego Vicuña - , con el amor a las letras y al estudio, la pasión de leer y aquella otra más irresistible de escribir. Leyó desde muy niño, atiborrándose la cabeza con todo género de lecturas; y escribió desde temprano, dando a la imprenta páginas en que se advertía la chispa de una inteligencia poderosa". Este óleo sobre tela que retrata a "Tatín", fue pintado por el artista, profesor y crítico parisino Richard Louis George Richon Brunet (1866-1946) en 1902. En él se muestra a Benjamín Vicuña Subercaseaux a la edad de 27 años, de medio cuerpo, sentado, sosteniendo un cigarrillo con la mano izquierda, traje oscuro, corbata azul. En segundo plano se divisa un busto femenino, un cuadro con marina y estante con libros. En la parte superior izquierda del mismo se lee una inscripción manuscrita: "Madame Vicuña Mackenna. Respectueux hommage. Richon Brunet, 1902". En una vitrina ad hoc se encuentra la chaqueta y el bicornio azul marino de origen francés, con elegantes botones y laureles dorados, perteneciente al joven secretario de las legaciones de Chile en Francia y en Italia. "Conoció en París -según cita don Eugenio Orrego- a las notabilidades de la época, en aquel comienzo de siglo. Los poetas en boga, los grandes artistas le fueron familiares; con avidez leía cuanta novedad solicitara la atención de los estudiosos y en los museos y teatros llenaba jornadas de intensa actividad... Nombrado secretario de la Tercera Conferencia Pan-Americana, que debía reunirse en Río de janeiro en 1906, hizo sus maletas, ingresando de nuevo a las tareas diplomáticas. Fruto de esa misión interesantísima, en que cupo a Chile un papel destacado, fue su libro La producción intelectual en Chile, que presentó como memoria a dicho Congreso. Trátase de un ensayo crítico de no escaso mérito, que tuvo, entre otros, el de ser uno de los primeros estudios de conjunto sobre las letras chilenas". Concluida su misión americana, Vicuña Subercaseaux se trasladó a Francia, Suiza e Italia, permaneciendo cerca de dos años en París. Fruto de esa estadía fue uno de sus libros más sabrosos: La ciudad de las ciudades, serie de crónicas enviadas a El Mercurio de Santiago, con el seudónimo de San-Val II, evocador de aquellas correspondencias célebres de su padre sobre la guerra franco prusiana. De regreso a Chile, en 1908, reanudó sus servicios en la cancillería, desde el cargo de Director de la Biblioteca del Ministerio de Relaciones Exteriores, que reorganizó e incrementó notablemente. Llevó a cabo una intensa actividad de trabajo intelectual, al año siguiente publicó Gobernantes y literatos, una de sus obras maestras más aplaudidas por la crítica americana, en que analiza a un grupo de estadistas y de hombres de letras con aguda visión imparcial. Con ocasión de conmemorarse en 1910 el primer centenario, creaba otra celebridad Crónicas del centenario, "que en su género - analiza Joaquín Edwards Bello - es una de las obras más notables que se han escrito en Chile". Tres volúmenes, de carácter póstumo, impresos por orden de su madre, recogieron después parte de la labor que realizara en aquella época: Correrías, publicado en 1911, conteniendo nuevos e interesantísimos relatos de viaje; Días de campo, rica colección de cuentos chilenos con prólogo de su compañero Joaquín Díaz Garcés, y Artículos sueltos, donde reúne algunos de los mejores salidos de su pluma para la prensa diaria, en el último tiempo. "En sus años finales, - concluye Orrego Vicuña - los más logrados y acaso los más intensos de su corta vida, el escritor y el hombre alcanzaron una magnífica plenitud". "Las únicas verdades de la tierra: El amor y la muerte". Tatín (Benjamín Vicuña Subercaseaux).

Recursos adicionales

Materias: Antropología
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